La lágrima recorre ahora el hilo que en otra vida fue sangre, y no es gota, no es hilo conductor; es torrente transportador alimentando quién sabe qué mundo cuesta abajo o acaso potenciando su desgracia al no ser vista por nadie.
Tu abrazo sería felicidad, luego caos, y quizá al final el consuelo más injusto que allí mismo, en paz, me permita esfumar.
Tu abrazo sería felicidad, luego caos, y quizá al final el consuelo más injusto que allí mismo, en paz, me permita esfumar.