viernes, 10 de febrero de 2017

Bar uno

Bar uno de nuevo. Otra vez como empezar, vaso en mano, pero no. Algo así, que el amor es como una hoja en blanco, siempre lo mismo, siempre distinto.

Hoy ví una película que me recordó tu belleza. Claro, cierto es que sucede casi siempre que algo gusta, que algo maravilla, o que algo azota. Una mujer, co-protagonista, fue destino y emisora de amor. La historia es conmovedora y triste, adjetivos que no son la misma cosa, pero estas líneas serán muy breves, lo sé, y no podrían abarcar ni menores detalles sobre el guión. Sobre las maneras, en cambio, hay al menos esto para decir.

El protagonista (el, por elección) la amó, pero tampoco es central en mi recuerdo. Cuando la conoció lo hizo en una situación en que ella ejercía el auto abandono o acaso una búsqueda desesperada; pero algo vió, o sintió, o todas esas cosas que le habrán sucedido y que por supuesto no me sucedieron a mí esta vez. Ella era un recipiente que rebalsaba, pero rajado, perdiendo su espíritu a borbotones. Luego, un par de escenas más tarde, se convirtió repentinamente de la oscuridad en luz principal de las cámaras. Esa belleza, el sufrimiento observable, palpable, todo conviviendo con la maravilla que pudo ser. Y él, protagonista, simplemente siendo pieza de la propulsión y acompañándola, tomándole la mano como si la impulsara pero en realidad sólo observándola despegar, con todos sus gritos y batallas internas, batiéndose así mismo a cañonazos, los hizo pensar a los dos en méritos conjuntos solamente para caer destrozado en la escena final, llevándose con su vida también el espíritu que tanto intentó acariciar por entre las rajaduras que taparon juntos.

Ni rajaduras. A empezar de nuevo juntando pedazos y asumiendo que algunos quedaron atrás de los muebles y de las paredes, y que sólo en mucho tiempo se volverán a encontrar con sus pedazos vecinos.
No tiene sentido que me disculpe yo, ni que me disculpes vos. Porque no he hallado ni me serviría hallar tu entendimiento y tus perdones, o los míos.

Tu recuerdo fue en ella, en la avería y la maravilla, y las grietas que se las arreglaron para amar y proveer tanto como no se puede dimensionar.


martes, 7 de febrero de 2017

Tiempo

Quizá entre todos estos bienes y males que me sobrevuelan hoy haya encontrado la pausa. ¿Estaré parado en el ojo de la tormenta? Mientras me aqueja una escasez de horas, cuando mis noches son cortas pero cuidadas, en esta época todo es andar y pensar y hacer esas cosas que alguna vez te hicieron reconocerme. Las horas pasan alrededor mío lanzándome tareas que apenas cumpliré, apelando a que todas las suertes jueguen a mi favor en su momento justo.

¿Podrías creer mi apuro durante los años pasados por gritarte amor en cada palabra, en cada coma, en cada verso? ¿Cómo es que constantemente caigo y caeré en los gritos desesperados y confusos? ¿Cuál es la urgencia del que tiene todos los tiempos?
Siempre haciendo tan repentinas las transiciones entre preámbulos y conclusiones, como si no estuvieras en cada interlineado, como si hiciera falta apurarme para que oigas antes de irte para siempre.

Existen algunas verdades, como que ya nos hemos ido, como que tengo todos los segundos de la historia para decirte que te quiero.