Me gusta una mina.
La puedo llamar mina en sociedad porque mina significa todo. Le puedo decir mina al oído porque mina significa amor.
No fue fatal escribirla, jamás; no fue vital inventar y recrear en papeles a quien es carne y calor.
Me gusta una mina que volaba por el cosmos y que por mí aprendió a caminar, aun cuando transitando el mundo a veces dejé de mirarla. ¿Cuál es mi culpa? De tanto andar por la tierra, incorporó a su vuelo los vicios de quienes corren, pobres seres de libertad determinada; vuela hacia un lado (claro, el opuesto), vuela sin mirarme, se alza apenas unos metros mientras viene jurando que se va. Incorporó mi torcido andar para ahorrar pasos.
Me gusta una mina que significa flor y tierra y origen. Y ya siento su espalda fantasma contra la mía, espectro de su fraternidad. Hermana, compañera, ¿a qué cielo fuiste a enderezar tus alas?