Sólo dos palabras concluyen la veracidad de lo que me impugna desde dentro; hoy eres tú la arena de la que cubrir mis ojos y el reflejo naranja sobre mi piel, el verde del paisaje, las ropas extravagantes y las condiciones de divinidad. El preludio de extrañar en ninguna ocasión ha sido tan exacto, tan perfecto, como la espera de una cuenta imposible de pagar agarrándonos las rodillas y trepando en imitación de alguna alimaña desconocida, engañosa y fatal.
Cuando digo hoy refíérome también a la semana anterior; a aquellos días cuando necesitabas mis mandados y yo perdí tus direcciones; los meses previos en que nos ausentamos regidos por dramáticos turnos; los retornos y las despedidas; los engaños y los engaños dobles que resultaron en meras divisiones estúpidas de poder y ausencias; al nulo sincronismo de nuestros deseos, que en tiempos posteriores aun a este seguirás enalteciendo por sobre cualquier accionar benéfico y hermoso; las vergüenzas mutuas que espero nos den risas en tiempos de madurez; el momento repetido en que vi tus ojos como los de un hermoso animal de otra galaxia; ¡y tanto más allá nuestra primera morada! ¡nuestros primeros amores! No hace falta que vuelva a redactar nuestros primeros amores, ni hace falta describir, por mera imposibilidad de proyectar alguna intensidad mínimamente relacionada con la que aun el eco de nuestros cuerpos desarma el ambiente, las coincidencias cósmicas fuentes de alineamientos planetarios. Diré entonces silencio, verdad, y amor.
Antes fui un vendedor de finales, pero que tu llegada y tu partida incluyan la mitad de lo que hoy me compone me alegra ante la pérdida de algunas facultades.
Cuando digo hoy refíérome también a la semana anterior; a aquellos días cuando necesitabas mis mandados y yo perdí tus direcciones; los meses previos en que nos ausentamos regidos por dramáticos turnos; los retornos y las despedidas; los engaños y los engaños dobles que resultaron en meras divisiones estúpidas de poder y ausencias; al nulo sincronismo de nuestros deseos, que en tiempos posteriores aun a este seguirás enalteciendo por sobre cualquier accionar benéfico y hermoso; las vergüenzas mutuas que espero nos den risas en tiempos de madurez; el momento repetido en que vi tus ojos como los de un hermoso animal de otra galaxia; ¡y tanto más allá nuestra primera morada! ¡nuestros primeros amores! No hace falta que vuelva a redactar nuestros primeros amores, ni hace falta describir, por mera imposibilidad de proyectar alguna intensidad mínimamente relacionada con la que aun el eco de nuestros cuerpos desarma el ambiente, las coincidencias cósmicas fuentes de alineamientos planetarios. Diré entonces silencio, verdad, y amor.
Antes fui un vendedor de finales, pero que tu llegada y tu partida incluyan la mitad de lo que hoy me compone me alegra ante la pérdida de algunas facultades.
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