y aún así todo es más fácil que hace un año.
Ahora sé que nada tengo y nada quiero más que mi subsuelo.
Quedarme sin vida a esta hora no es desesperante, significa sólo la muerte otra
vez, el vacío de un envase.
Mi envase, mi cáscara, uno más flotando en el universo de la
desdicha; ¿cuántos debemos ser para concebir nuestra muerte no ya como única
sino como parte de una muerte colectiva? ¿Cuántas veces la pena para asumir que
solamente es otro punto para el equipo de los desgraciados?
No hay comentarios:
Publicar un comentario