En las rocas del día después
sigue golpeando a la puerta
huyendo sin mirarnos bajo el piso
en la veracidad de este desorden
maldecir es aceptar
quitaste de mis brazos
el regreso.
sigue golpeando a la puerta
huyendo sin mirarnos bajo el piso
en la veracidad de este desorden
maldecir es aceptar
quitaste de mis brazos
el regreso.
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