Cada vez que te alejás un paso más, ya cruzando la frontera hasta el cañón, ya nadando entre la gente de la ciudad furiosa donde nos arrastramos al amor por primera vez. Cada vez te amo, cada primero de mayo de hace cinco o cuatro o veintiocho años cuando ya te amaba sin saberlo y aunque no existieras. Ya sentía yo entonces que tendría vértigo inmanejable subiendo tu escalera verde de caracol.
Tu abrazo de energía cuando tus brazos apenas se movían, cuando ni sentía tus manos en mi espalda. Nunca supiste.
Tu abrazo de energía cuando tus brazos apenas se movían, cuando ni sentía tus manos en mi espalda. Nunca supiste.
No hay comentarios:
Publicar un comentario