Nunca se lo dije mientras tuve la oportunidad pero, aunque no hoy ni mañana, pues es impracticable a corto plazo, voy a guardarla -le prometí no morir- en una pequeña caja de hermoso cristal hasta que un día, al final, nos sumamos en el estallar de todas las galaxias, en la sinfonía final de las letras y los pinceles, ya sea el espectáculo ensordecedor último producto de nuestro choque cósmico o la reacción suicida de lo divino a la falta de aquel.
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