domingo, 29 de noviembre de 2015

Suerte

Tirado, quién sabe si boca arriba o boca abajo. Quizá de lado, aunque es improbable que alguien pueda afirmar si sobre el lado izquierdo o el derecho. ¿Es posible asegurar hasta dónde es tan simple su cuerpo?
Cubierto de polvo, viejo, o más bien color viejo. ¿Quién cuenta exactamente cuánto tiempo lleva ahí? ¿Quién puede relatar su última gloria?

Lanzado sobre las mesas y los suelos, en terrazas y salas de estar, en habitaciones húmedas de sexo y esquivando polen blanco de no dormir. Quizás la abuela lo hizo galopar sobre las piezas sueltas del rompecabezas cuando este aun no estaba armado o quizás el nieto lo hizo rasgar contra la vereda despareja para ganar o perder unos artículos de colección. ¿Cuántos billetes habrán cambiado de manos merced a sus caprichosos movimientos de contienda?

Cuánto de impiadoso tenés para tomarlo con polvo y todo y exigirle al cansado un trabajoso seis. Tal vez haya sido un bailarín para admirar en sus segundos de danza, gambeteador, hacedor de escaleras inverosímiles.
Y vos, siempre necesitando una generala.

Rocamadour

Invade la perseverancia de querer parecer ese, objeto de tu deseo y de tu destino cuando te toca elegir hacia dónde virar. Perseverancia en la idea de subirte a una autopista sin fecha de bajada y coordinar con miles de extras un embotellamiento enaltecido por sus personajes y su historia de amor, consecuencia de un simultáneo encuentro con nosotros mismos, junto al río, en Ginebra.

"Sólo para locos" dirá nuestra bajada, y llegando a la calle, en la cabina de peaje, un moreno puro nos enseñará la libertad.
Vos no sabrás bailar, no soy tan tonto, pero bailarás conmigo haciendo discreta burla de mis torpes pasos. Tu desprecio por el baile no evitará que me superes en gracia, como en cada una de nuestras actividades; aunque vos ejecutes distraídamente tu foxtrot menos querido al compás de un rezongue y yo mi mejor número el resultado será el mismo.

¿Por qué no puedo inventar otra realidad, una palpable aunque más simple?
Podría situarte más cerca, en el mundo. Desde las ruinas humeantes del Cerro Rico podrías volar hasta mí, siendo tierra a la vez que la dejás atrás, nutriendo de vida la fuente misma de energía.
No, es más hermoso Rocamadour, y más lejano. Y cuanto más lejano menos real. Y cuanto menos real, más posible que sigas existiendo.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Mensaje

Nástenka me envió un mensaje hace algunos días. No, no me quiere, pero todavía existo.
Recién hoy puedo apenas escribirlo, aunque inmediatamente después volvió a escurrirse en la distancia resoplando su desdén.
Todavía me queda alegría, ¿cuándo le llegará mi amor?