lunes, 11 de noviembre de 2013

La única noche II

Cada vez recuerdo sus ojos más de cerca, y aunque la sensación es verídica, puesto que me hace caer de rodillas en cualquier vereda, mientras me dirijo a la oficina o al quiosco, como caí aquella noche para levantarme recién a mi vuelta sobre la avenida Cabildo, empiezo a sospechar que parte de esta imagen que hoy me inclina ya es mi propio invento. Comienzo a considerar la posibilidad de que tal vez no exista el ser que me enamora aun en cada recuerdo. Pero, ¿esto representa alguna diferencia teórica o práctica?

1 comentario:

este dijo...

Bueno, ya volví a las comas mi amor. Es algo.