miércoles, 30 de octubre de 2013

Bagajes del despojado Cid III

Brevemente pareció adormecerse.
Soñó con la señorita N. y su accidente; en la confusión pareció querer limpiarse su sangre de las manos, como si esta vez, también, él hubiera empuñado el cuchillo. Se incorporó y caminó a través de la plaza hacia el monumento, donde el decorado era siempre mucho más apetecible para descansar que las raíces casi imperceptibles de los árboles que equivocadamente habían plantado en aquél lugar; pensó en París y en Cartagena y en el por qué de su historia, con la tristeza y la calma de costumbre; pero seguía confundido, limpiándose con las piedras del suelo. Sabía que cada abrazo en sus momentos más fríos había respondido siempre a su propio gusto por el mundo donde ella vivía.

Te ruego que respires todavía

Siempre ocultándome de mis escapes para intentar, tan ineficaz, llegar a tus oídos o escaparme de los aromas que recorrimos desde la calle corrientes hasta los límites del encanto, de los estados, las provincias y el futuro. Como una pluma cayendo y remontándose sobre el viento escurridizo de una sincronización montañosa, siento sólo la atracción y las dagas de nuestro destino; tus perfiles inolvidables, afilados y políticos; tu declaración de la independencia; los calabozos cortazarianos que tejías mientras hablábamos de la noche, que nos susurraba obscenidades desde las ventanillas abiertas de un colectivo y era el condimento de la sal sobre la sal.
O cuando resbalamos el uno sobre el otro y el sexo se hizo risa, y la risa felicidad.

jueves, 24 de octubre de 2013

Y yo sigo con vos

Sabés, se hace difícil seguir anclado aquí.
Cada día, mi amanecer pensando en el viaje que nos uniría definitivamente, queriendo que las piedras en la plaza cambien a pájaros según su deseo en movimiento tan audaz como el nuestro para formar nuestro rompecabezas, donde ambos somos piezas de piezas. Cada vez que medito al respecto pierdo el miedo a que nuestro destino de beber café en parís, sentados en esos blancos sillones de cálido metal, deje de ser tal.
Sería tanto más fácil y egoísta abrazarte ahora, y yo sigo con vos.
  

miércoles, 23 de octubre de 2013

Bagajes del despojado Cid II

Pensaba, camino a la nada, pateando el polvo de los senderos imposibles sobre el margen de la calle, recordando aquel paraguas tan deteriorado que durante tantas eternas líneas los había unido para siempre, que indefectiblemente llegaría el día en que necesitaría su haiku para respirar; el arreglo despreocupado y hermoso de la señorita N. para fabricar espontáneamente lloviznas de papel picado desde sus más solitarias consideraciones sobre ella y sus pasajeros.

Duelen los huesos

Desconfío de cualquier cambio;
sería tan egoísta e irresponsable decirte sí.
Espero, mejor, que no te olvides quién soy.

domingo, 13 de octubre de 2013

Sao

Tan lejos de casa y mis enfermedades, te recuerdo más claramente en las luces perdidas por la noche, desde la altura. Aquí todo es silencio, la ciudad descansa antes de soportar una nueva jornada en que cada uno deberá adjudicarse a sus menesteres corrientes. Es una ciudad como aquella pero, donde los pesares se susurran en otro idioma y el amor es aun para mí tan misterioso, significativamente reafirmo que ya te debo la vida.

martes, 8 de octubre de 2013

Cielo se escribe con g

Sobre la calle Alem, llegando a la esquina con mis ojos impregnados en el asfalto (como era costumbre), me permití observar un leve destello en mi periferia, a la derecha; y qué mejor oportunidad que el silencio para desviar la rutina del recto camino. Decidí girar, lentamente según mi ánimo aunque de manera abrupta en cuanto al cambio de dirección, y levanté apenas la mirada para observar anticipadamente la figura, estrenando en este año el interés de la incertidumbre; aclarando el reflejo en mi piel con tan perdida calidez.
Lo reconocí instantáneamente, y no lloré en aquél reencuentro aun cuando hube antes sepultado toda esperanza de volver a vernos; re-encontré al cielo de primavera como alguna vez lo había topado, de igual manera, estaqueándome aquella en mi propio patio y hoy sentado a la mesa de mi hermano; retorné por un instante al barro de las irregularidades sobre el cemento y entonces sí mis lágrimas destruyeron toda cadena: el charco también era el mismo, aquél que amé, donde mi pie de escolar decidió antes chapotear jurando que el amor existía.

viernes, 4 de octubre de 2013

Ratón

Caminando iba, o voy, por entre barros que ni siquiera puedo describir despectivamente, cuando encontré un ratón parlante. Tenía colores, y me hablaba desde un mundo parecido a uno que creí recordar en mis memorias de juventud, contándome alegre y cálidamente que aun quedaban algunos otros ratones y algunos canarios magníficos por allí, y que se rumoreaba acerca de otras especies brillantes en territorios tras las colinas.
Canarios amarillos y rojos, ratones violetas parlantes; si acaso mi ratón cambiara de camino algún día, siempre le debería una sonrisa.



jueves, 3 de octubre de 2013

Mañanas

Desecho las mañanas, no es verdad lo que no olvidas. Sé amable, violento, cúlpame hasta que no te sangren las manos irónicamente; vive corriendo y envuélvete en mis sábanas cuando te agites, y toma mi piel cuando el frío te abrace hasta las uñas; acarrea con tus cabellos mis manos, haz llorar cada vez a mi alma en conmoción por tu maravilla.

Úsame, pero no los domingos.

Canarios I

Un canario
que llega a un río
Desde el bosque
trae mañanas.

¿Dónde estabas
canario antiguo?

En la piel donde olvidar
diez lustros de desengaños
traes a tu reflejo
encanto.

¿Quién más?
¿A quién pagar tributo
por la libertad?
¿A tu joven suavidad?


Alimaña I

Las acciones
bien, los versos,
corresponden ya
a mentir o imaginar
entonces tus
filos.

Hada o fantasma
cincel de luz líquida
tan temprano
es Alejandra
entonces las metáforas
sobre nuestros labios
las algarabías se interponen
entre tus versos
y los míos.

Inversa Lluvia

Qué momento de lucidez, la caída libre, el pretexto del llanto en el viento..el pretexto del llano en el viento. La cebolla fundamental, Lucy, que tan triste y tan en paz como quien asume su hermoso deceso; a veces es la playa, y el tsunami, y mi reposera.

martes, 1 de octubre de 2013

Ey!

Dime, nena,
a dónde ves ahora
algo en mí
que no detestes.