miércoles, 30 de octubre de 2013

Te ruego que respires todavía

Siempre ocultándome de mis escapes para intentar, tan ineficaz, llegar a tus oídos o escaparme de los aromas que recorrimos desde la calle corrientes hasta los límites del encanto, de los estados, las provincias y el futuro. Como una pluma cayendo y remontándose sobre el viento escurridizo de una sincronización montañosa, siento sólo la atracción y las dagas de nuestro destino; tus perfiles inolvidables, afilados y políticos; tu declaración de la independencia; los calabozos cortazarianos que tejías mientras hablábamos de la noche, que nos susurraba obscenidades desde las ventanillas abiertas de un colectivo y era el condimento de la sal sobre la sal.
O cuando resbalamos el uno sobre el otro y el sexo se hizo risa, y la risa felicidad.

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